miércoles, 15 de mayo de 2013

LA VIDA INMORTAL Y PÚBLICA DE HENRIETTA LACKS





Por una pronta legislación sobre el destino de los tejidos humanos


En estos días se está discutiendo mucho sobre si las células extraídas de una persona se pueden o no utilizar, sin previo consentimiento, en estudios de laboratorio que se han diseñado para investigar sobre diversos desarrollos biológicos, de la normalidad o de la enfermedad.

La polémica ha existido siempre aunque en este abril se ha agudizado por la publicación del genoma de una línea celular muy conocida en los laboratorios, las células HeLa. Quienes atacan la publicación del perfil genético de la línea celular, se basan en el hecho de que los familiares de la dueña de las células originales, no fueron informados y que por lo tanto se está violando su privacidad. Quienes publican el artículo, el Laboratorio de Biología Molecular Europeo (EMBL http://www.embl.de/) aseguran que la línea celular ya ha cambiado tanto que sería casi imposible poder inferir cualquier información genética sobre la familia y por lo tanto no están violando ninguna privacidad. Aunque, presionados por la comunidad científica pedirán consentimiento a los familiares, el mal ya está hecho.


Los antecedentes


George Gey, médico del hospital Johns Hopkins, a inicios de 1920 había decidido dedicar su vida y todo su empeño en curar el cáncer, y para ello, ayudado de su colega y esposa inició lo que para él era la base fundamental en el entendimiento de la enfermedad y su desarrollo: cultivar células tumorales para observar su comportamiento en el laboratorio.

Tarea nada fácil. Contrario a lo que se piensa, una vez las células cancerosas que han estado creciendo de forma brutalmente rápida en el cuerpo se extraen de su hábitat, se atontan y se mueren. Se necesita muchísima paciencia y habilidad –hay quien dice que cultivar células tumorales es más un arte que una ciencia– para poder iniciar un cultivo y mejor aún, mantenerlo. Si se logra, se tendrá lo que se conoce como una línea celular, que es inmortal.

A Gey le tomó más de dos décadas establecer la primera línea celular pero lo hizo con su talento y preparación y, un buen golpe de suerte.


Henrietta Lacks y sus tan especiales células


Henrietta era una bella y divertida mujer negra, nieta de un blanco que tuvo sus hijos con una esclava en sus plantaciones de tabaco. Se casó con un primo y tuvo cinco hijos. A los 31 años, en 1951, y 6 meses después de dar a luz al último sintió que algo andaba mal en su cuerpo y fue al hospital Johns Hopkins (el John como le dirán después sus numerosos parientes). Le fue diagnosticado un carcinoma cervical. Luego se supo que muy probablemente el cáncer fuera el resultado de un virus de transmisión sexual, el virus del papiloma humano.

Los médicos se sorprendieron mucho por la rapidez con la que el tumor crecía. Fue tomada una biopsia para asegurar el diagnóstico de que era maligno. En la sala de cirugía estaba Gey, y sin preguntarle a nadie tomó su propia muestra, se la llevó a sus cuarteles y muy pronto vio con asombro que las células crecían y crecían. Igual lo seguían haciendo en el cuerpo de Henrietta, quien a pesar de haber recibido todos los tratamientos disponibles murió en pocos meses.

Gey le dio nombre a esas células que se multiplicaban a una velocidad asombrosa –se duplican en un día– y que le permitieron observaciones muy importantes que registró con una cámara adosada a un microscopio. Las llamó HeLa.

Gey quiso compartir con quien lo pidiera ese tesoro que tenía en su laboratorio. Él mismo viajaba con las células cuidadosamente guardadas en el bolsillo de su camisa para entregarlas a quien lo solicitara y para enseñar la manera de mantenerlas en cultivo. Así, las células de Henrietta se distribuyeron por el mundo entero, y hasta estuvieron en órbita alrededor de la tierra. Gey nunca mostró el menor interés en obtener algún lucro de las células HeLa. Al contrario, parecía tan obnubilado con que el estudio le revelaría la tan buscada cura, que ni siquiera se ocupaba en publicar los resultados, cosa que tenían que hacer sus estudiantes. Si alguien inició el comercio de las células HeLa, ése no fue Gey.

Pero claro, ya tan pronto como en 1952 las células se empezaron a vender, algo inevitable en un sistema de mercado. Hasta el momento más de 60.000 artículos científicos se han publicado sobre ellas. Entre los miles de estudios y sus resultados están la vacuna contra el polio y la vacuna contra el carcinoma cervical. (De la vacuna del polio los beneficios son obvios pero los de la del carcinoma cervical, por ser más reciente y llevar adosada la prohibición de las iglesias, tendrán que esperar un tiempo para que su libre aplicación a millones de jovencitas expuestas al virus del papiloma, permita salvar a otras tantas Henriettas).


La polémica


La inmensa familia de Henrietta Lacks solo fue informada de que las HeLa eran células del cuerpo de su madre, tía,  o abuela, más de veinte años después y de refilón.

Casi medio siglo después, la periodista Rebecca Sklott escribió un precioso libro luego de más de 10 años de trabajo al lado de la familia: The Inmortal Life of Henrietta Lacks (Crown Publishing Group, 2010). La periodista entrevistó a todos los miembros de la familia y se enteró del malestar que les producía saber que ni siquiera podían tener acceso a un buen servicio de salud después de todos los beneficios que las células de Henrietta  le habían proporcionado a la medicina. Ninguno ha hablado de demandas o litigios. Se sienten orgullosos.

Y ahora, de nuevo sin informar a la familia, se publica el genoma completo de las células HeLa.

¿Es posible, arrancando de una línea celular con más de 60 años en miles de laboratorios y sufriendo alteraciones genéticas que la hacen muy diferente a las células originales, conocer el perfil genético de los Lacks?

Sí, dice un hacker devenido en investigador del MIT. Y ya lo hizo. Con el avance de la biotecnología y la bioinformática se hace en un abrir y cerrar de ojos. Luego sí se está violando la privacidad de la familia Lacks. Encima de que nunca han sido recompensados –sólo la periodista Skloot ha donado gran parte de las regalías de su más que bien vendido libro a una fundación con el nombre de Henrietta y que velará por la educación de sus descendientes– no se tiene el decoro de pedir permisos.

Por el momento no existe algún comité de ética (hasta mejor, que por lo general poco sirven) que esté al día con los desarrollos de la biotecnología. Tal vez lo mejor sea que se legisle con seriedad sobre el asunto, y que sean los científicos y los pacientes quienes decreten las reglas del juego.

Porque, se ha puesto a pensar ¿qué sucede con las muestras de sangre, con los pedacitos de piel y otros tejidos que le quitan con cierta frecuencia? ¿a dónde van a parar? ¿sabe usted el destino?

Ojala sirvan para un buen fin, un buen servicio a la ciencia, y no vayan a parar en un basurero quirúrgico. Ah, y que le informen debidamente si van a usarse.   




martes, 23 de abril de 2013

FRANÇOIS JACOB: 1930-2013







Acaba de morir uno de los genetistas más queridos, no solo por su inmenso aporte a la comprensión de cómo funcionan los genes como también por sus trabajos de divulgación, publicados en varios libros llenos de ideas novedosas y que no se limitaron al campo de la genética.

Una idea que nos ha acompañado desde que la conocimos, es su explicación de cómo funciona la evolución, que él atribuye más al trabajo de un chapucero que a la de un ingeniero. Más adelante le daría el nombre de bricolateur, o sea alguien que trabaja usando todo lo que tiene a la mano, partes descartadas, no usadas, que, ensambladas de una nueva manera, adquieren una función diferente y novedosa. La biología moderna le da la razón con cada nuevo descubrimiento.

François Jacob fue profesor emérito del Instituto Pasteur y del Collége de France. Junto con André Lwoff y Jaques Monod ganó el premio Nobel en Fisiología o Medicina en 1965.

Nuestro homenaje es volver a publicar una traducción de un editorial de la revista Science, de mediados de 2011.


EL NACIMIENTO DEL OPERÓN


¿Qué es el operón, a quien se le celebran 50 años? Con esta celebración se busca resaltar el descubrimiento del mecanismo que explica cómo los genes son encendidos y apagados, y que luego facilitaría el paso al ahora inmenso campo de la regulación génica. La idea nació en el laboratorio de André Lwoff en el Instituto Pasteur.

En un ala del laboratorio se encontraba el espacio dedicado a las bacterias y en él trabajaban Lwoff, Elie Wollman, y yo. En la otra ala, justo al final del corredor, Jacques Monod y su grupo. Lwoff estudiaba la bacteria E. coli. Monod estaba analizando las propiedades de una enzima que es requerida en el metabolismo de la lactosa, en la misma bacteria. Para cualquier propósito los dos sistemas parecían a miles de kilómetros de distancia. Pero su yuxtaposición produciría un adelanto sin precedentes para nuestro entendimiento de la vida, demostrando que nosotros no podemos predecir cómo se producen las nuevas ideas y a dónde llevará la investigación científica.

Hacia finales de 1940, después de dos años en un hospital cuidando de mis heridas de guerra y de un más bien abrupto fin a mis estudios médicos, me sentía perdido en Paris. Imposibilitado para poder realizar mi sueño de ser un cirujano, y alentado por un primo para unirme a la naciente ciencia de la biología, decidí buscar un laboratorio para trabajar. Después de varios intentos fallidos, sin ninguna duda debidos a mi notoria incompetencia, fui recibido por André Lwoff, director del Instituto Pasteur. Me preguntó de mis escaramuzas de guerra, me habló de la importancia de las sulfamidas, de las cuales él fue uno de los padres, me habló de los estragos de la guerra en el Instituto y al final me ofreció una beca de investigación.

Me pasé el primer año tomando los “Grandes Cursos”, aprendiendo bacteriología, inmunología y virología, después de lo cual me dediqué a buscar el laboratorio adecuado para desarrollar mis recién encontrados talentos. Había dos excelentes, uno de ellos el de Lwoff, adonde volví. Sus ojos parecían más azules, su postura más digna y sus maneras más cálidas. Sin darme tiempo para lucir mi ignorancia o manifestar mis deseos, dijo
–acabamos de descubrir cómo inducir al profago. Yo no sabía qué era un profago y peor aún, qué significaba inducirlo. Sin embargo respondí como un tiro –eso es justo en lo que quisiera trabajar. Y Lwoff estuvo de acuerdo.

Mucho después, un día en 1958, con la cabeza perdida, y en una noche perezosa de julio, sentí en un relámpago, que había analogías muy importantes entre los dos sistemas estudiados en los extremos del corredor de nuestro laboratorio. En ambos casos, la expresión de un grupo de genes estructurales dirigía la síntesis de varias proteínas, y esa expresión estaba modulada por un “represor”, codificado por un gen regulador adyacente.

Monod y yo bautizamos a este ensamblaje gen regulador-gen represor, como operón, y pronto nos dimos cuenta que el sistema operón-represor podía combinarse ad infinitum para producir circuitos cada vez más complejos, adaptándose a las demandas de la célula. Descubrimos un mecanismo fundamental para todos los seres vivos desde sus comienzos y que se mantendría mientras ellos existan… Más que nunca, la investigación parecía identificarse con la naturaleza humana… Era de lejos, el mejor de los medios encontrados por el hombre, para tratar de explicar el casi incomprensible caos del universo**.

Nuestro logro fue el resultado de la ciencia nocturna***: una exploración sinuosa, tortuosa del mundo natural, que se asienta en la intuición, tanto como la ciencia diurna lo hace en la forma fría y ordenada de la lógica. 

En la cada vez más expansiva empresa científica, obsesionada con factores de impacto y competencia, necesitaremos mucha más ciencia nocturna para desvelar los muchos misterios que aún quedan para entender la manera como funcionan los organismos.

François Jacob, mayo de 2011


*Del inglés, “to operate”. Poner a funcionar. El operón se refiere a un conjunto de genes estructurales que actúan en concierto. Cuando se necesita una proteína, se activa el mecanismo de expresión génica que la produce, y que a su vez detecta cuando ya hay suficiente producto y represa la expresión, apagando el gen respectivo.

**F. Jacob, J. Monod, J. Mol. Biol. 3, 318 (1961).

***F. Jacob, The Statue Within: An Autobiography. U. H. London, 1988.

martes, 16 de abril de 2013

CLARIDAD. La mirada a través del cerebro




https://www.dropbox.com/s/ltyta7v3dd5ubb9/Video%20Claridad%20Espa%C3%B1ol.mov

El video que va a ver ha sido traducido por Josefina Cano. Para la locución y la música contó con la ayuda de su hijo Ernesto Santos.





Cerebro de ratón, antes y después de aplicársele el procedimiento Claridad.









“El ingenio prevalece, todo lo demás es mortal”.
Andreas Vesalius.


El cerebro humano, esa masa gelatinosa que cabe en las manos y que es el centro de todo lo que nos define como animales pensantes, nunca ha estado tan cerca de que la metáfora deje de serlo. En poco tiempo esa gelatina será transparente y revelará sus más preciados secretos, para bien de las neurociencias. En poco tiempo porque por ahora la técnica que mostramos se ha desarrollado en ratones, en sus cerebros detenidos en el tiempo, con todas sus estructuras congeladas por la muerte.

La técnica desarrollada por el grupo de investigadores al mando del bioingeniero y siquiatra Karl Deisseroth de la Universidad de California, supera a las que existían con anterioridad porque mantiene intactas moléculas importantes, algo más del 90% de las proteínas, que antes se perdían en casi el 50%.

Lo que vuelve al cerebro opaco y no deja observar con nitidez todas las estructuras –impide el paso de la luz– es la grasa, los lípidos que son parte fundamental de la cubierta de las células. Para eliminar el problema, los científicos usaron un detergente que destruye esos lípidos, los barre.

El paso siguiente fue inyectar en el cerebro una sustancia llamada acrilamida, que atrapa ácidos nucléicos, proteínas y otras biomoléculas. Cuando se calienta la acrilamida se polimeriza fijando en una especie de malla todas las estructuras que componen el cerebro intacto. Al proceso se lo nombró Claridad.

El resultado es un cerebro transparente, listo para que le sean añadidos colorantes de interés y que permitirá visualizar, con la ayuda de un microscopio y en tercera dimensión, la maraña de conexiones y señales que se transmiten entre las neuronas y otras células y moléculas. Permite ver los mínimos detalles sin perder el entorno pues el cerebro ha sido petrificado: la mejor manera de hacer neuroanatomía.

La bioquímica del cerebro queda tan bien preservada que los investigadores podrán probar una y otra vez, químicos que resaltan (iluminan con fluorocromos) estructuras específicas, y que darán claves sobre la actividad pasada. Malos funcionamientos que llevan a esa cada vez más creciente lista de enfermedades y alteraciones mentales.

La parte más complicada del proceso fue lograr la combinación ideal de temperatura, electricidad y soluciones adecuadas.  “Yo quemé y derretí más de cien cerebros” dice Kwanghun Chung, autor principal del artículo aparecido en la revista Nature la semana pasada y estudiante de posgrado en el laboratorio de Deisseroth. Con la publicación de la receta, ésta estará disponible para todo el que la quiera usar, “Yo creo que será relativamente fácil”, dice Chung.

Claro que la técnica tiene sus límites y que necesita afilarse, sobre todo para dar el siguiente y más importante paso: usarla en cerebros humanos que se han preservado en formol. En ellos el asunto es más complicado por el tamaño mayor y la cantidad de lípidos que habrá que eliminar. Pero Chung está muy optimista, bueno, después de estos resultados no es para menos. Planea iniciar su propio laboratorio para refinar la técnica. Su alcance es enorme pues no solo puede usarse en el cerebro, sino en muchos órganos del cuerpo humano, tanto que Chung ya tiene en su mesa de trabajo en el laboratorio, un hígado, pulmones y un corazón tan transparentes como el cristal.



martes, 2 de abril de 2013

¡QUE LES PONGAN ETIQUETAS A LOS MODIFICADOS!





“Claro que las personas pueden decir, por razones éticas, por razones filosóficas, por razones económicas o por razones políticas, a nosotros los modificados no nos interesan. Lo que sí no pueden decir es que son peligrosos, porque no lo son.”

Anne Glover, microbióloga y primera consejera jefe de ciencia para la Unión Europea



Ya hemos escrito en este espacio sobre los Organismos Modificados Genéticamente (OMG) o transgénicos. Y aunque lo hemos hecho contando siempre sobre nuevos experimentos, también hemos denunciado cuando científicos del área se valen de malas artes para manipular los datos con la idea de poner en duda su seguridad para el consumo humano. Ahora, toma cada vez más fuerza la idea de ponerles una etiqueta para diferenciarlos de los alimentos “naturales”, refiriéndose a los que no han pasado por un laboratorio de biotecnología y que son seguros per se.


Aunque si pensamos un instante, la idea de que solo lo natural es bueno –natural es una culebra cascabel o el cianuro– nos quedamos sin argumentos pues el hombre ha venido manipulando durante milenios los alimentos y lo que es hoy el maíz, para nuestros ancestros era apenas una espiga fea y sin nutrientes. La única diferencia con los transgénicos es que el proceso se toma cien mil veces menos tiempo y no contamina el ambiente pues se puede prescindir de fumigaciones y fertilizantes, esos sí nocivos para las personas.




Al exilio por producir leche de cabras transgénicas que curan la diarrea

Un estudio realizado en la Universidad de California ha permitido incorporar a la leche de cabras experimentales una proteína humana que mata a los microbios que producen la diarrea. Esa proteína se encuentra en alta concentración en la leche materna de los humanos y en menores cantidades en las lágrimas, la saliva y la leche de todos los mamíferos.

La diarrea, ocasionada por la presencia de infecciones bacterianas en el tracto gastrointestinal, mata cada año a casi dos millones de niños alrededor del mundo y puede ocasionar daños físicos y mentales en otro millón. La inmensa mayoría pertenece a países pobres.

En el estudio, encabezado por James Murray, los investigadores alimentaron cerdos jóvenes con leche de cabras que habían sido modificadas para producir en su leche cantidades altas de la proteína bactericida. Esta proteína humana, además de atacar a las bacterias que causan las infecciones intestinales, tiene la virtud de promover el crecimiento de otras que son benéficas.

Los cerditos fueron escogidos porque su intestino es muy similar al humano y porque tienen bajos niveles de la proteína. A la mitad de ellos se les suministró leche pasterizada de las cabras transgénicas, la otra mitad no recibió la proteína, sirviendo de grupo control.

 Aunque al final todos los cerditos se recuperaron de infecciones gastrointestinales inducidas, los  que recibieron la leche de cabras transgénicas lo hicieron mejor: sufrieron menos deshidratación, menos inflamaciones, menor daño en el interior del intestino y recuperaron la energía más pronto. Los investigadores informan que no hubo ningún efecto adverso en los cerditos que recibieron la leche enriquecida.

Pero, y al igual que lo están haciendo otros investigadores de la biotecnología, Murray y su equipo, cansados de pelear contra tantos obstáculos impuestos por grupos de oposición a los OMG en Estados Unidos, se han ido a continuar sus investigaciones en Brasil, donde ya han trasladado la mayoría de sus operaciones. Otros lo han hecho a la China, México y Argentina.

Eutanasia por producir menos contaminación

Un cerdito transgénico, desarrollado por investigadores en Canadá, y que es más ecológico que todos los militantes anti OMG juntos, pues produce heces bajísimas en fósforo –el mayor contaminante del agua– ha sido una víctima importante de la ignorancia. Le pusieron ecocerdito, pero poco duró porque como nadie mostró interés en seguir financiando la investigación y cuando trataron de comercializarlo fue misión imposible, tuvieron que eutanizar a todos los animales del estudio. ¿Y qué suerte correrá una gallina que ha sido modificada genéticamente para resistir al virus de la gripe aviar y no transmitirlo a sus vecinas, y que abriría las puertas a estudios importantes en vacunas en aves y más adelante en humanos? La solución estará en cuánto puedan resistir los investigadores a los miles de papeleos, peticiones, supervisiones y más papeleos y peticiones que llevan años.

Porque una cosa sí es cierta. Para que un OMG salga al mercado habrán pasado décadas, algo que no sucede con los productos convencionales. Baste con el ejemplo de un salmón modificado que crece en la mitad del tiempo que su contraparte convencional, tiene más carne y más omega 3 y requiere menor inversión económica, pero que no ha podido comercializarse después de casi dos décadas, ¡dos décadas! La compañía que está empeñada en sacarlo al mercado está a punto de lograr la aprobación, al menos eso les dicen los de la FDA, aunque ya para el momento en que lo pongan en los supermercados (las pescaderías donde sólo se vende lo “natural” no los recibirán) tendrán la etiqueta "estigmatizadora", según se mire.


Ilustración Gabriel Santos


Y, tomates para disminuir el colesterol (Por ahora a salvo)

Investigadores de la Universidad de California han producido tomates que contienen un péptido –una proteína pequeña– que simula la acción del llamado colesterol bueno, ese que impide la formación de placas que bloquean las arterias y que al final son las causantes de ataques al corazón y de infartos.

“Este es uno de los primeros ejemplos de un péptido que se comporta como la proteína principal del colesterol bueno y que se puede incorporar a la dieta de forma directa, comiendo el tomate” dice Alan Fogelman, director de la unidad de arterioesclerosis en la misma universidad.

El experimento consistió en manipular los tomates, mediante ingeniería genética, para que produjeran un péptido al que se le llamó 6F, que simula el trabajo de la proteína principal en el colesterol de alta densidad, o colesterol bueno.

Los científicos alimentaron con un concentrado hecho de tomates convencionales a ratones que carecían de la habilidad de remover el colesterol malo, de baja densidad, de su sangre; pronto desarrollaron inflamaciones y arterioesclerosis cuando les fue suministrada una dieta rica en grasa.

Los ratones que fueron alimentados con  el concentrado hecho de tomates modificados –mantenidas las mismas condiciones del grupo anterior– tuvieron, al final del experimento, niveles más bajos de inflamación, una elevada producción de antioxidantes asociados con el colesterol bueno, producción menor de un promotor de cáncer que acelera también la producción de placas en las arterias y menor incidencia de arterioesclerosis.

Por detrás de estos experimentos, en apariencia tan sencillos, se acumulan años de un trabajo detectivesco para encontrar el péptido que remede la acción de la proteína principal del colesterol bueno. Todos los que precedieron al F6 necesitaron síntesis química; el péptido F6 al no requerirla puede, por lo tanto, ser producido por las propias plantas del tomate y basta con comer la fruta –mejor cruda así el péptido no se degrada– para obtener sus beneficios.

Ahora falta ver cuántos años de penurias y papeleos tendrán que pasar hasta que, un tomate que ayudará a combatir no solo el riesgo de placas arteriales sino que podrá ser de enorme utilidad en el estudio de otras enfermedades, se pueda vender sin problemas aún con el estigma de ser modificado. Aunque si lo etiquetan, mejor. Así, quienes no le tienen miedo a lo infundado y creen en la ciencia, con una buena ensalada se beneficiarán bajando sus niveles de colesterol sin sufrir, entre otros males, la pérdida muscular producida por las drogas comerciales.

martes, 12 de marzo de 2013

FÍGARO Y EVOLUCIÓN CULTURAL






                            Nidos con nicotina


Los pájaros le ponen mucho cuidado y atención a sus nidos para que se mantengan calientes, confortables y libres de parásitos; se están jugando el futuro de sus crías. Para ello han recurrido a buscar en el entorno hojas de plantas que les ayuden a repeler insectos pues saben que algunas tienen esa propiedad. Eso sucede en los bosques y en el campo. 

Pero si son pájaros urbanos, ¿qué hacer? Adaptarse.




Y lo hacen muy bien. Al menos es lo que se sabe de unos gorriones que viven en Ciudad de México. Construyen sus nidos con colillas de cigarrillos. ¿Feo no? La idea de una linda pareja de gorriones afanándose en recoger colillas en los parques no es algo que tenga mucho atractivo. Pero a ellos les sirve, y mucho.

Eso es lo que demuestra un artículo de tres investigadores de la UNAM donde analizan el contenido de los nidos cuando los habitantes se han ido, cumplida ya su labor. Cuanta más nicotina estaba presente en los restos de los cigarrillos, menos parásitos, o casi ninguno se encontraba en los nidos. Los científicos hicieron todos los estudios pertinentes y concluyen que los gorriones saben que la nicotina es insecticida –algo ya conocido por la ciencia– y la usan como repelente. Además, la celulosa de las colillas actúa como aislante y aumenta la temperatura del nido, buen recurso para cuando anochece y hace frío.

Gorriones urbanos que además ajustan la cantidad de nicotina, no sea que se intoxiquen las crías.





Fígaro


Las cacatúas tienen cerebros grandes, son muy sociables y viven vidas largas, virtudes que parece les permiten innovar y resolver problemas. 

En sus hábitats naturales, con la comida a tiro de piedra, no necesitan ser inventivos, pero basta con ponerlos en una jaula y listo, hacen una herramienta.  

Al menos es el caso de Fígaro, una cacatúa que llegó desde los bosques de Indonesia a una colonia de pájaros en Austria. Fígaro diseña y usa sus propios palitos.

El uso de herramientas para ayudarse con la comida no es tan inusual en los animales aunque lo que hace esta cacatúa es considerado extremadamente raro.

“Él hizo todo: uso de una herramienta, manufactura de una herramienta y modificación de una herramienta”, dice uno de los investigadores que estudiaron el comportamiento del pájaro.

Le pusieron una nuez enfrente de la jaula, aunque fuera de su alcance normal. Pronto Fígaro se las arregló para conseguir un palito al que fue ajustando poco a poco. Cuando se le iba la mano acortándolo, buscaba otro. Y así, hasta que logró el tamaño perfecto para alcanzar la nuez. La primera vez se demoró media hora, en las siguientes el tiempo se acortó. Tuvieron que aislarlo porque pronto otras cacatúas empezaron a imitarlo, algo que confirmó que estos animales tienen –debido tal vez a su naturaleza juguetona– una capacidad particular para adaptarse y aprender, pero que podría haber puesto en peligro otros experimentos cognitivos en la colonia. Fígaro tiene que seguir siendo único.


                        

  
Canciones de amor


Una especie de gorriones en América del Norte se ha convertido en un exponente muy llamativo de lo que es la evolución cultural. Al igual que ocurre con los cambios en las maneras de hablar en los humanos a través de los tiempos, los gorriones machos cambian sus cantos para atraer a las hembras.

No se habla igual –con seguridad ocurre en todos los idiomas– a como se lo hacía a comienzos del siglo pasado, por ejemplo. Palabras nuevas salidas de la calle incorporadas luego al uso común, palabras inventadas por los jóvenes para lucirse y destacar, cambios en el timbre y el tono, todo eso transmitido por generaciones donde cada una le añade innovaciones y sepulta palabras consideradas anticuadas.

Los estudios realizados con los gorriones consistieron en analizar sonogramas grabados durante 30 años. Los resultados indican que las canciones que usan los gorriones para atraer a las hembras están compuestas de tres partes. En la primera se identifican como especie, en la segunda quién es el que canta y en la tercera va el elemento de conquista.

La primera parte de la canción la aprende el gorrión de su padre o de otro macho cercano y permanece inalterada para siempre. En la segunda, que es individual, tampoco hay variaciones. Es la tercera parte la que cambia. De ser larga y aguda, ha pasado a ser corta y de tonalidades bajas. Más certera y sensual para conquistar a las chicas.



martes, 26 de febrero de 2013

LOS TRANSGÉNICOS PRODUCEN CÁNCER




Es lo que afirma el investigador francés G-E Séralini en un estudio publicado en la revista Food and Chemical Toxicology (FChT). En un volar, la noticia se regó por todos los principales periódicos del mundo, para felicidad y regocijo de los enemigos de los Organismos Modificados Genéticamente (OMG) o transgénicos.

Los (OMG) resultan de la adición en el laboratorio, mediante manipulación genética, de genes que les confieren características nuevas y provechosas, como la resistencia a las plagas ­ o menor necesidad de fertilizantes –en el caso de las plantas; en los animales puede significar mayor cantidad de nutrientes, fabricación de insulina a menor costo o autocontrol de parásitos (ver entradas correspondientes en este espacio).

Un injerto en una planta es un transgénico doméstico, muestra cotidiana de lo que han venido haciendo los hombres desde hace decenas de miles de años para domesticar y poner a su servicio plantas y animales. La diferencia con los transgénicos es que se hacen en los laboratorios y a una velocidad y precisión considerablemente más altas. Nada diferente a lo que se hacía al inicio de la agricultura sólo que la eficacia y el rendimiento, gracias al desarrollo científico, son mucho mayores. Además los controles y escrutinios a los que están sometidos los OMG los vuelven más seguros para el consumo animal y humano.

Séralini y sus colaboradores en la universidad de Caen, presentaron los resultados obtenidos en un estudio de dos años con ratas de laboratorio, alimentadas con maíz transgénico, modificado para resistir a las plagas. La conclusión fundamental fue que los animales alimentados con los transgénicos sufrieron una proliferación de tumores mucho más alta que la de ratones alimentados con maíz sin la modificación genética. Para ilustrar los resultados, los autores incluyen fotografías de los animales infestados de cáncer, con un sensacionalismo innecesario pues muestran los tumores, muchos de ellos enormes, a cambio de presentar tablas o la patología de cada cáncer, como lo hacen los artículos serios. Véalo usted mismo: http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0278691512005637

Lo que siguió fue una polémica enorme entre los que declararon su asombro por los resultados y quienes los acogieron como una muestra indudable de que los OMG son dañinos para quien los consume, en este caso las ratas del laboratorio. Como es lo usual, los resultados son extrapolables a posibles efectos cancerígenos en los humanos que consumen los OMG. Se dijo que la investigación de Séralini era el milímetro que faltaba para cerrar el ataúd de los transgénicos.

Los científicos del área exigieron de inmediato conocer más sobre el trabajo de Séralini. No fue posible pues el investigador puso una muralla de resistencia. Ya había actuado de forma irregular pues no había permitido que los periodistas tuvieran acceso al artículo antes de que la noticia se diera a conocer al público. Además, por los mismos días, Séralini lanzaba dos libros y un documental.

Una noticia de este calibre, que “demuestra” el peligro de los OMG, que ya están en la agricultura y la industria agropecuaria por más de 25 años sin que nunca se haya demostrado, en cientos de trabajos de científicos en todo el mundo, ningún efecto nocivo o adverso, puso en alerta a la Unión Europea (UE) que comisionó una revisión del artículo de Séralini.

El equipo encargado de la revisión del artículo estuvo formado por científicos dedicados a evaluar la precisión en la bioestadística, el diseño experimental, la toxicología en mamíferos, la biotecnología, la seguridad de pesticidas y la carcinogénesis en los resultados presentados por Séralini.

Pronto fueron evidentes las patas cojas.

La cepa de ratas utilizadas en el estudio es una que tiene una tendencia muy alta a desarrollar tumores y cáncer de manera espontánea y que además, tiene una vida más corta que otros animales de laboratorio: menos de dos años. Lo ha leído usted bien: un experimento de dos años con animales que viven hasta los 18 meses y que, coman lo que coman desarrollan cáncer en muchas partes del cuerpo. Esto en ciencia se llama experimento sesgado.

En todos los estudios de este tipo debe existir un grupo control, es decir un número de ratas que no son alimentadas con el maíz modificado. Lo establecido es un número diez veces más alto que el que usó Séralini.

Cuando los resultados de la comisión de la UE fueron divulgados, descalificando el trabajo de Séralini por no cumplir con los requerimentos necesarios para sacar semejantes conclusiones, un grupo de más de 24 investigadores de altísimo nivel, envió una carta a la revista FChT exigiendo retirar el artículo. Hasta hoy no han tenido respuesta.

¿Cuál es el empeño de Séralini en demostrar lo indemostrable? –tan difícil es de demostrar que tuvo que manipular el diseño y de ahí, los resultados que esperaba obtener aparecieron, ¿por qué su cruzada contra los OMG? Es una pregunta difícil pero que puede contestarse con una respuesta sencilla: existe un temor enorme a cualquier manipulación de los seres vivos en los laboratorios, temor que una vez instalado se convierte en fanatismo y que entra a reforzar la existencia de supuestos peligros y, que así se demuestre que no existen, es ya muy difícil eliminar de la cabeza de las personas. Séralini es un científico en apariencia, su idea preconcebida lo ata a sus prejuicios y lo vuelve un fanático.

Tal vez quien mejor y de manera más elegante resuma las consecuencias de este cuento que hemos contado sea el fabuloso Richard Dawkins.

“La razón ha construido el mundo moderno. Es algo grandioso y sin embargo tan frágil que puede ser corroído por cualquier irracionalidad, no dañina en apariencia. Debemos por lo mismo, poner siempre por delante la evidencia verificable. De otra manera estaremos a la merced  de quienes quieren oscurecer la verdad”.

martes, 12 de febrero de 2013

DARWINISMO VS TELEOLOGÍA. ¿Teleología, en serio, en estos días?





El modo de volar. Disparate número 13 de Francisco de Goya

En Mind and Cosmos: Why the Materialist Neo-Darwinian Conception of Nature Is Almost Certainly False* , Thomas Nagel –filósofo con una sólida historia de polemista– continúa los ataques ya iniciados en escritos anteriores al “dañino reduccionismo”, implícito, según él, en el Darwinismo.

Como lo plantea Nagel en el subtítulo del libro, la biología evolutiva está equivocada al haber asumido al Darwinismo como la teoría explicativa para la historia de la vida.

Entonces antes, un poco de Darwinismo. Una vez aparece la vida en la tierra, un conjunto de mutaciones al azar y gracias a la acción sobre ellas de la selección natural, da origen a una multitud de linajes celulares. Los linajes biológicos que sobreviven o se reproducen mejor que otros, reemplazarán a esos otros. Dado que la selección natural asegura que las especies estén en adaptación continua a los cambios del entorno, el proceso no tiene propósito: la selección natural responde sólo al medio ambiente inmediato y por tanto la evolución no puede tener un destino determinado, un logro a conseguir.

Según Nagel esto es “casi con toda certeza falso”.

Nagel supone, que para explicar el Darwinismo, “una provisión de mutaciones genéticas viables” tendría que haber estado disponible para la evolución durante miles de millones de años. ¿Podría la naturaleza asegurar que siempre estuviera disponible una mutación viable? La respuesta es un NO contundente. Por eso es que las especies se extinguen: el entorno cambia y las especies no pueden encontrar de inmediato una mutación que les permita vivir. La extinción es la norma en la evolución; la vasta mayoría de todas las especies se ha extinguido.


Sin embargo esta teleología de Nagel es homo-céntrica o al menos animal-céntrica. Pareciera que todos los organismos estuvieran ocupadísimos con los problemas de la razón, la conciencia y los valores. Pero existen millones de especies de hongos y bacterias, y casi 300.000 de plantas con flores, y ninguno de estos grupos se ocupa de la razón del ser o de la conciencia, lo cual no ha sido ningún impedimento para su espectacular éxito evolutivo. Si la naturaleza tuviera en su quehacer alcanzar determinados logros, la conciencia sería uno de los últimos en la lista.

La teleología de Nagel sigue adentrándose en el determinismo con supuestos como, la existencia de “formas más elevadas de organización hacia las que la naturaleza tiende” y el progreso hacia “sistemas más complejos”. De nuevo, la biología real pareciera ser así. Pero no lo es; la historia de la biología evolutiva está repleta de regresiones, de linajes que con frecuencia se mueven de una gran complejidad a una menor. Un linaje que ha desarrollado un elemento complejo (ojos, por ejemplo) lo verá desmantelado, deconstruido evolutivamente después que la especie se mueve a un nuevo ambiente –una oscura caverna, el fondo negro del mar– digamos. Los parásitos con frecuencia comienzan como organismos complejos pero pronto pierden sus características cuando se adaptan a una vida dependiente y sencilla.  Estas regresiones se entienden desde el Darwinismo, pero no desde la teleología, porque si la naturaleza está tratando de llegar a algún destino, ¿por qué se la pasa cambiando de dirección?

Fue el filósofo David Hume quien empezó a desmantelar la concepción de la teleología. Con un conjunto devastador de argumentos, Hume identificó graves problemas en la idea de un diseño (los organismos son tan complejos que se necesita un diseñador –dios), aunque no pudo ofrecer una explicación alternativa. Darwin trabajó siguiendo la idea de Hume y asombró al mundo con la teoría requerida para explicar la complejidad de los seres vivos sin acudir a ningún diseñador: la selección natural.

La teleología, sin ninguna prueba que la soporte, fue descartada hace mucho tiempo. Nagel puede alegar en su favor, que él se ocupa de la filosofía. Pero el problema está en que está proponiendo la teleología como una alternativa al Darwinismo, lleno como está de evidencias, y ofrece a su vez una explicación que huele a moho y desprovista por completo de evidencia alguna: está metiendo el pie en un terreno desconocido por completo.

Algunos de sus críticos –y los hay muchos– llegan a sugerir incluso, que el subtítulo del libro es más una jugada de marketing que una propuesta seria, pues no desarrolla argumentos, no presenta evidencias y el soporte intelectual es endeble. Y no parecen equivocarse, el libro se vende como pan.

Lo que en apariencia es la propuesta de un filósofo serio, o que lo fue en su momento, puede llegar a convertirse en un peligro gravísimo para la enseñanza de la ciencia, como ya está sucediendo. Los creacionistas y sus hermanos del Diseño Inteligente*** –Nagel coqueteó con ellos en un artículo hace dos años, pero esa es otra historia– ya han corrido a agarrarse de los argumentos de Nagel para alegar que el Darwinismo, ya lo decían ellos, tiene fallas irreparables y que por lo tanto debe ser eliminado de la enseñanza en las escuelas. Más leña para la candela que durante años ha querido tener en sus brazos a Darwin y su maravillosa explicación del universo biológico.



*No existe aún la traducción al español y no sabremos qué título le pondrán. Pero es más o menos Mente y Cosmos: Por qué la Concepción Materialista Neo-Darwinista de la Naturaleza es Casi Ciertamente Falsa.

**La teleología viene de dos términos griegos Télos (fin, meta, propósito) y Lógos (razón, explicación). Así pues, teleología puede ser traducido como “razón de algo en función de su fin”, o “la explicación que se sirve de propósitos o fines”. Es decir, todo lo contrario a un proceso al azar y determinismo puro.

***Ver entrada correspondiente en este espacio.

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